
Las comunidades sefardíes vivieron en la península ibérica hasta antes del año 1492 en el que los Reyes Católicos dictan expulsarlos, la cocina sefardí adquiere hasta entonces todos los elementos autóctonos de la península. Algunos autores estudiosos de la cultura judía[1] afirman que no se puede hablar de una cocina judía y sefardí debido a que podría haber sido costumbre adaptar las variantes locales a la observancia kosher. Sin embargo, a pesar de intentar mantener la tradición la cantidad de técnicas y el empleo de ingredientes se ve enriquecida con las tradiciones y los ingredientes de los países que resultaron ser posteriormente la acogida durante la diáspora, de esta forma toma influencia de la cocina de Marruecos (en general de la cocina magrebí) o del sur de Francia, Bulgaria o Turquía. En todos estos países la influencia tiene una doble vía, ya que algunos platos europeos no se pueden explicar sin las costumbres culinarias de la gastronomía sefardí y viceversa. Las dos vertientes de la cocina judía europea tienen explicaciones: los sefardíes en la cocina del sur de Europa: cocina mediterránea hasta Turquía y los askenazí que influenciaron los guisos de Europa Central.